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13. Las 7 características del buen ponente, y cómo mejorar cada una

características del buen ponente

¿Qué hace buena a una persona al hablar en público?

De hecho, ¿qué quiere decir “bueno”, cuando hablamos de un ponente?

Es más, ¿qué quiere decir ser “un ponente”?

Qué es un orador o ponente

Dicho de una persona autora de una ponencia.

Esto dice la RAE, ni más ni menos, con lo que ser un ponente en realidad supondrá que des un discurso ante otras personas. No parece complicado.

Hacerlo bien es otra cosa.

Quizás no te consideres un orador ideal (aún), pero si lo piensas, hay algo paradójico, porque sí tienes un criterio para saber quién lo es.

Puede que no sepas definirlo técnicamente, que no percibas el engranaje que construye un buen discurso, pero sabes claramente si una persona te entretiene o emociona cuando le oyes hablar ante una multitud.

Piensa en esa persona en concreto que está tomando forma en tu mente mientras lees.

Quizás un compañero de trabajo, una jefa que tuviste, alguien famoso a quien admiras. Esa persona que cada vez que oyes hablar te cautiva.

¿Te gustaría parecerte a esa persona?

Tendrás que comenzar por analizar qué es lo que hace bien.

Cualidades que debe de tener un buen orador

Decenas, sino cientos, son las características que podríamos meter en la cocktelera para ser analizadas, pero 7 parece un número manejable para preparar un combinado óptimo.

Sobre todo porque tendrás que llevarlas a tu terreno y analizar en qué estado está cada una de ellas.

Analicemos esas áreas concretas que te harán mejorar como ponente, planteando los errores comunes en cada una, y las pautas para corregirlos.

características del buen ponente II

1- Control del tiempo ⏳

Controlar el tiempo adecuadamente al hablar en público quiere decir que en tus intervenciones estás dentro de los límites establecidos sean estos mínimos, o sobre todo, máximos.

El tiempo es un factor fundamental al subirse a cualquier escenario y seguro que lo recuerdas por muchas peripecias que has visto hacer a más de un ponente.

Piensa en el último evento o congreso, seguro que si han tenido que hablar varios ponentes, a los últimos les ha tocado lidiar con el clásico:

Vas a tener que recortar un poco porque los demás se han alargado.

Injusto, poco profesional, y lo peor de todo, previsible.

El error común que cometen los ponentes que no controlan el tiempo es pasarse de ese máximo establecido.

Debes ir controlando el tiempo al hablar en público desde el momento mismo de empezar a comunicar ante otras personas, y una hoja de ruta sencilla de dos pasos puede ser la siguiente:

Mide el tiempo de tus intervenciones

Y mídelo antes, al ensayar.

Parece de perogrullo, pero estoy convencido de que muchos ponentes no ensayan sus discursos con el cronometro en marcha, y si este es tu caso, deja de hacerlo, en serio, notarás la diferencia.

Si la intervención es larga, ensaya cada parte de forma separada y cronometra cada una de ellas.

Establece un sistema de control del tiempo

Quien ha asistido a un club de oratoria conoce el funcionamiento básico de las intervenciones.

Subes al escenario, y siempre, absolutamente siempre, tienes un tiempo mínimo y máximo, que alguien se encargará de señalizarte.

¿Cómo? 

Por ejemplo con un sistema de tarjetas, cuyo funcionamiento te explico en el segundo de estos 3 ejercicios para aprender a hablar en público.

En esos clubes, si te pasas del tiempo que tienes asignado para tu discurso, el público te aplaude y bajas del escenario estés en el punto que estes.

En las competiciones de oratoria el tema es igual de riguroso.

En ellas se establece un tiempo mínimo y máximo para tus intervenciones. Si no llegas a uno o te pasas del otro quedas eliminado, por más que tu discurso fuera mejor que el de Martin Luther King.

Si quienes entrenan esta habilidad casi a diario le dan tal importancia, es el momento de que tú también se la des.

Asegúrate de disponer siempre de algún sistema para controlar el tiempo al hablar en público.

2- Control del miedo escénico 👺

Tu objetivo debe ser mostrar que la situación está bajo control.

Miedo, respeto, excitación, escucharás a los ponentes más avanzados hablar de que aún lo sienten, incluso después de cientos de intervenciones.

La idea no es conseguir erradicarlo, ese es un camino complejo, un objetivo demasiado ambicioso, e incluso puede que contraproducente.

Es mejor que aspires a conseguir hacer tu intervención a pesar de sentir esos signos, y que proyectes control sobre la situación.

Los síntomas del miedo escénico van, desde lo más fisiológico (y más complicado de controlar) :

  • Sudor de manos
  • Enrojecimiento
  • Temblor de la voz

Pasando por los síntomas que tienen que ver con el lenguaje corporal

  • Movimiento nervioso de manos
  • Agarrar algún objeto o parte del cuerpo
  • Cruzar las piernas
  • Balancearse

Todo lo anterior ocurre porque tu mente considera que estás en una situación de peligro, y afloran estos síntomas para tratar de autocalmarte.

Además, tu mensaje puede volverse confuso, aparecerán las muletillas, las ideas no fluirán, y en el peor de los casos podrías quedarte en blanco.

Observa que hemos mencionados muchos ámbitos en los que puede repercutir el miedo escénico, de ahí que las soluciones incluyan una mezcla de habilidades que debes ir trabajando pogresivamente.

Medidas de choque

Respiraciones, meditación, visualizaciones, y todo aquello encaminado a reducir el estrés “antes de” serán tus aliados.

¿Lo mejor? Que establezcas un ritual pre-charla, yo lo llamo Crear el Momento antes de hablar en público.

Puede suponer simplemente retirarte al baño y tener una secuencia de ejercicios que te permita bajar el nivel de estrés que tengas en ese momento.

Prepararte prepararte y prepararte

Son las 3 cosas que debes hacer una vez de que tienes tu discurso en mente o escrito.

Esto reduciría el estrés que supone subir a un escenario sin un material que conozcas adecuadamente, y si por ejemplo te pierdes en una parte del discursos siempre sabrás qué viene a continuación, y podrás enganchar el hilo sin quedarte en blanco.

Grábate en vídeo al ensayar

En este caso, puede ser muy interesante para ver si aparecen esos signos del miedo escénico de los que hemos hablado.

Claro esta, en la tranquilidad de tu casa y con el relajo y la tranquilidad de no tener a nadie delante aparecerán menos, pero puede que haya algunas percepciones pequeñas que puedas ir detectando y corrigiendo.

Otro consejo interesante para disminuir el miedo escénico es el de estructurar bien tu discurso, y de eso va el siguiente punto.

3- Estructura de los discursos 🔠

Si quieres que tus discursos se entiendan, debes saber usar una estructura básica y clara, y esto supone crear tus discursos atendiendo al clásico entre los clásicos:

  • Inicio
  • Desarrollo
  • Conclusión

¿También parece de perogrullo, verdad?

Pues se trata de otro de esos errores tan comunes que sorprende ver una y otra vez presentaciones que carecen de una división que muestre claramente a la audiencia dónde se encuentran.

Y si no sé dónde estoy, tampoco sé a dónde voy, y por lo tanto estoy perdido, y lo último que quieres es que tu audiencia se pierda, porque supondrá que desconectará.

A partir de que tu discurso esté dividido es esas partes, podrás sumar varios elementos como la llamada a la acción, el desarrollo de los puntos principales, aperturas y cierres creativos.

El error común de los discursos que carecen de una falta de estructura, provocan que el ponente vaya y vuelva de diferentes conceptos sin tener un hilo claro que pueda seguir estructuralmente el público.

Y como punto de partida para aprender a estructurar cual constructor de rascacielos, puedes comenzar por aquí:

Preguntas de control 

Una vez que tengas tu discurso preparado, hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál es mi inicio y cuál es la conclusión?
  • ¿Cuáles son mis ideas principales?

Deberías ser capaz de responder fácilmente a estas cuestiones, y si no es así, modifica el texto para introducir los cambios que haga evidente la división.

Pregunta a otras personas 

Quizás tú tengas clara la respuesta a las preguntas anteriores, y el discurso esté dividido de forma quirúrgica en tu cabeza, pero puede que esto no sea así para los demás.

Para salir de dudas, pásale el texto (o hazle el discurso) al alguien, y una vez hecho esto, hazle las preguntas anteriores.

Esa información es oro, te lo aseguro.

Utiliza una plantilla

Si quieres asegurarte, el la fase de creación, de que tu discurso tendrá una estructura diáfana, lo más efectivo es una plantilla.

Puede ser tan simple como esto:


Inicio

Redactas el texto del inicio.


Desarrollo

Redactas el texto del inicio.


Conclusión

Redactas el texto de la conclusión.


Parte de lo anterior y simplemente ve añadiendo tus ideas en cada parte, será directamente imposible que no estructures la información.

Practica técnicas de improvisación

Estas técnicas de una forma u otra siempre acaban proponiendo estructurar la información.

Por ejemplo la técnica de la cronología propone estructurar tu intervención en pasado, presente y el futuro, y cuando practicas en improvisar sobre ella, automáticamente estarás generando una estructura, y cogiendo el hábito de hacerlo también en tus discursos preparados.

Puedes comenzar por estas 3 técnicas de improvisación.

4- Dominio del lenguaje no verbal 🙋‍♀️

Usa el lenguaje no verbal para amplificar tu mensaje.

Esto supone, entre otras cosas: 

  • Utilizar adecuadamente el escenario, o todo el espacio que tengas definido para hablar.
  • Conocer lo que es la posición base y los gestos amplificadores.
  • Usar adecuadamente tus notas.
  • Distribuir adecuadamente la mirada entre todo el público.

Todo lo anterior necesitan práctica y entrenamiento, porque el lenguaje no verbal es un campo amplísimo, pero puedes quedarte con la idea de que el buen ponente utiliza este tipo del lenguaje al servicio de la amplificación de su mensaje.

Los problemas principales que emanan del ponente que no domina el lenguaje no verbal son dos.

El primero que aparezcas demasiado estático en el escenario, demasiado rígido, y que no estés utilizando todo el espacio que tienes definido, todo lo cual se trasladará a la audiencia en forma de tensión.

El segundo es el uso inadecuado de las manos, que ahora sabes que es signo del miedo escénico, y por supuesto forma parte también del mundo de lenguaje no verbal.

Esto supone que tus manos visiten lugares inadecuados mientras estás hablando:

  • Tus bolsillos
  • En la espalda
  • Agarrando las notas demasiado efusivamente
  • Agarrando un bolígrafo danzarín

Con todo lo anterior, lejos de poner el lenguaje no verbal al servicio de tu mensaje, puede que desvíes la atención a esa zona y el público no deje de mirar a ella, sin prestar atención a nada más.

Otro error muy común es el de proyectar la mirada al suelo, al techo o clavada en el proyector porque no queremos mirar al resto de la audiencia debido a los nervios.

Pero hablemos de soluciones:

Mantén la posición base

Es aquella que debes mantener cuando no estás hablando, o cuando estás hablando y no estás realizando ningún gesto específico.

Básicamente sería la de tener las manos a los lados y estar relajado pero una postura firme.

Utiliza gestos amplificadores

Son todos aquellos que harias desde esa posición base, que se refieren a un concepto o palabra concreta, y que son acompañamientos naturales de las manos saliendo desde el cuerpo.

Reparte la mirada a todo el público

Si el público es poco, no tendrás problema para hacerlo izquierda derecha, pero si hablas en un auditorio muy grande, tendrás que utilizar técnicas como imaginar una M o una W, e ir distribuyendo la mirada dentro de esa letra virtual.

5- Uso de la voz 📣

La idea es que uses la voz para amplificar tus ideas.

Por una parte existe una cuestión fundamental que tiene que ver con la dicción, y es, que se te entienda cuando hablas.

Pero también debes pensar en ir un poco más allá e introducir otros elementos que pueden hacer que se potencie tu mensaje a través del uso de la voz, por ejemplo, variar el volumen para hacer hincapié en ciertas palabras clave o ideas.

Es lo que hacen los buenos ponentes, pero los que no lo son caen en lo siguiente:

Por una parte, la monotonía esto. Es muy habitual escuchar charlas que suenan en un tono exactamente igual, en las que en el minuto uno te has aburrido, y en el veinte te has dormido.

Otro error es el de hablar demasiado bajo, y tienes que acercarte con la cabeza para ir cogiendo las palabras sueltas al vuelo, lo que es tremendamente incómodo.

Algunos consejos rápidos para solucionar esto son:

Define palabras o ideas clave para darles algún matiz

Define las ideas relevantes que tengas en tu discurso, y concrétalas en una dos palabras clave. Cuando llegue el momento de verbalizarlas, haz hincapié en ellas, por ejemplo, elevando el volumen.

Atrévete con el acting

Esto supone introducir historias en las que hay diferentes personas e ir tratando de variar las voces. Te sonará complejo, pero es muy enriquecedor y aporta dinamismo.

Puedes empezar poquito a poco, porque al principio es un poco vergonzante pero a medida que vayas cogiéndole el gusto verás como es divertido y creativo.

6. Apoyos visuales y minimalistas 📊

Pensemos que usas proyecciones, por ejemplo, en PowerPoint.

Por una parte, las diapositivas son verdaderamente efectivas cuando son visuales, porque muestran un lenguaje al que el ser humano está más acostumbrado, el lenguaje de las imágenes.

Por otra parte, esas proyecciones deben ser minimalistas, porque definen qué es lo verdaderamente interesante en cada diapositiva, y suprimen el resto.

El error principal al no cumplir esta premisa es el de confundir las proyecciones con los documentos, añadir demasiado texto y no entender que una proyección no debería servir absolutamente para nada si tú como ponente no estás delante explicando y desarrollando los conceptos.

Otro es el de usar fotografías de mala calidad, y esto hoy por hoy es un pecado, porque existen decenas de plataformas que te permiten usar fotografías en HD de forma gratuita.

Lo cual nos traslada al terreno de las soluciones.

Establece límites al diseñar una proyección

Dentro del mundo del diseño gráfico, los diseñadores saben que tienen que trabajar con unos límites, y esto es algo que tienes que trasladarte tú a aquellas presentaciones que estás diseñando también.

Establecer límites puede suponer lo siguiente:

  • Limitar el número de palabras por diapositiva
  • Limitar el número de diapositivas
  • Arriesgar aún más usando sólo imágenes, sin nada de texto

Abraza el minimalismo

Suprime todo aquello que no sea necesario, empezando por ejemplo, por el logo en todas las de positivas, y pasando por animaciones o transiciones barrócas.

Usa fotos siempre en HD

Ya lo he dicho, tienes muchos recursos de fotos libres de derechos como para usar otras de menor calidad, por ejemplo:

7- Creatividad 🧠

Aporta un extra a tus presentaciones a través de la creatividad.

Me refiero a todos esos elementos que dan un plus a tus intervenciones, aquellos que cuando ves un ponente muy bueno piensas: ¿qué tendrá?

Posiblemente lo que tendrá es que se preocupa en añadir a sus discursos metáforas, repeticiones, y sobre todo historias.

Puedes empezar por ahí, el camino es infinito, por supuesto.

El error cómun relacionado con la falta de creatividad es generar presentaciones planas y aburridas.

Quizá buscando profesionalidad y pensando que todo lo anterior no la aporta, cuando es todo lo contrario. Ser profesional supone pensar en tu audiencia, la cual en general no quiere aburrirse.

Ya te he avanzado por donde comenzar para no caer en el temido terreno de las presentaciones planas:

Introduce historias

El público lo agradecerá, tú lo pasarás mejor y tu mensaje calará más hondo.

En lo que respecta a hablar en público, las historias son el recurso definitivo, en serio, y puedes comenzar de forma lúdica por estas 3 técnicas de storytelling para dar Rock and Roll a tus relatos.

Recuerda esos recursos de la escuela

Empieza a pensar en todos esos recursos que aprendiste en la escuela y que pueden ser interesantes ahora como:

  • Metáforas y símiles
  • Repeticiones
  • Analogías

Aquí te dejo 3 figuras literarias para hablar en público que te parecían aburridas y tu audiencia adora.

Recursos mencionados en el podcast

 

Combinaciones tipográficas para presentaciones.

Experimiento

Crea tu propio perfil.

Númera de la 1 a la 7 las características que te definen como ponente de mayor control (la 1) a menor control (la 7).

Una vez de que generes el listado, fíjate, por ejemplo, en las 3 últimas, y piensa en qué podrías hacer para mejorarlas.

Idea de valor

Definir un buen ponente es complicado porque implica varias áreas, 7 que pueden servirte de referencia son:

  • Control del tiempo
  • Miedo escénico
  • Estructura de un discurso
  • Lenguaje no verbal
  • Uso de la voz
  • Apoyos visuales
  • Creatividad
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