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42. Evita quedarte en blanco al hablar en público con estos 10 trucos

quedarte en blanco al hablar en público

Delante de mí hay unas decenas de personas. 

No debería estar nervioso, al fin y al cabo son mis compañeras y compañeros del club de oratoria, y solo voy a presentar un discurso, como he hecho otras tantas de veces.

Y sin embargo lo estoy, de hecho lo estoy siempre, pero esto ya lo tengo trabajado, sé que no se trata de no tener miedo, sino de tenerlo y a pesar de ello salir al escenario.

Pero claro, es un día especial, un concurso de oratoria, y llevo semanas, sino meses, preparando ese discurso.

Prácticamente me lo se de memoria, son poco más de 6 minutos.

Una compañera me presenta, dice mi nombre y el título de mi discurso, y a partir de ahí comienza el silencio y las miradas siempre amigables y respetuosas de mis compañeros.

Al inicio del discurso me noto algo agarrotado, pero me muevo por el escenario y mi cuerpo y mente comienzan a ponerse a tono, todo parece que fluye.

Voy por la mitad de mi discurso y estoy hablando de una idea potente en la que pongo toda mi energía. Pocas palabras antes de terminar la frase comienzo a notar que una nebulosa se acerca a mi mente a medida que llega el momento de acabarla.

Termino esa frase y en mi mente no hay nada, literalmente. Ni una idea, ni una palabra, casi no sé ni de lo que estaba hablando hace unos segundos.

Siento que se abre un abismo delante de mí y solo me queda caer. El pecho me oprime, las manos me tiemblan y empiezo a pensar que el público ya se ha dado cuenta.

Me he quedado en blanco.  

Si quieres conocer cómo terminó esta historia, tendrás que leer hasta el final de este artículo.

¿Qué quiere decir quedarse en blanco al hablar en público?

En otras palabras, ¿qué me ocurrió a mí aquel día?

Se trata de quedarte bloqueado y no poder articular palabras, ante una situación de exposición.

Seguro que te vienen a la mente muchas situaciones de ese tipo:

  • Presentación de trabajo
  • Examen
  • Ante una cámara o micrófono
  • Entrevista

El concepto de la “exposición” es importante, ya que el fenómeno de quedarse en blanco rara vez se da al encontrarte en una situación de confort, por ejemplo cuando estás hablando con tus amigos o familia.

Hasta los profesionales se quedan en blanco

Mi caso, por supuesto, no es anecdótico. En una sociedad que considera el miedo escénico como uno de sus miedos más atroces, no es de extrañar que este fenómeno se habitual.

De hecho, no solo le ocurre a quién podría excusarse en la falta de práctica, ya que incluso profesionales que se ganan la vida sobre los escenarios padecen situaciones embarazosas de este tipo.

Artistas profesionales como Pastora Soler o Joaquín Sabina han sucumbido a los efectos del miedo escénico. Pero en el apartado de los “blancones”, el directo de películas como Armagedon o Pearl Harbour Michael Bay, se lleva la palma.

De acuerdo, parece bastante habitual, entonces…

¿Por qué te quedas en blanco al hablar en público?

Se trata de uno de los síntomas del miedo escénico, que dependiendo del caso, produce ansiedad a diferentes grados.

Igual que hay personas que sienten fuertes palpitaciones o sudores antes o durante una situación en la que tienen que hablar delante de otras personas, esos síntomas pueden agravarse y llegar a consecuencias que condicionan aún más la intervención, como por ejemplo tenerse que parar en mitad de ella, o por supuesto, quedarse completamente en blanco.

Concretamente, esos temidos “blancones” suelen darse por varias razones:

  • Nervios o ansiedad
  • Distracciones
  • Sobre preparación

Pero todo lo anterior tú ya lo sabes o lo intuyes, con lo que vayamos a por las soluciones para que no te hagas un Xabi en pleno escenario.

El dudoso consejo “estate tranquilo”

Si tienes miedo a quedarte en blanco, uno de los consejos que escucharás de forma recurrente es ese.

Pero…

¿Cómo demonios vas a estar tranquilo? Si tienes miedo a que esto te pueda ocurrir, no estarás nada tranquilo, de hecho estarás muy nervioso, y quizás no te falten razones.

Por eso debes tener un set de recursos que te ayuden a que eso no ocurra, y esos recursos son de dos tipos:

  1. Aquellos que te ayudarán a evitar que te quedes en blanco y puedes preparar antes de tu presentación
  2. Aquellos que te ayudarán a afrontar la situación una vez de que te has quedado en blanco

A continuación analizaremos clav concretas dentro de estos dos tipos de consejos, pero antes debes tener algo claro:

Los primeros los más efectivos, si quieres reducir las posibilidades de quedarte en blanco, debes trabajar en la preparación de tu charla, así de claro.

10 trucos para evitar quedarte en blanco al hablar en público

1- Define una estructura de tu discurso clara y sencilla

Volvemos al ABC de la oratoria, y en este caso lo hacemos para ganar memorabilidad.

Si defines una estructura de tu discurso clara, tendrás ciertos puntos principales claros definidos naturalmente, y que no tendrás problemas para recordar.

Veámoslo con un ejemplo muy simple.

Imagina que voy a hacer un discurso sobre la fruta.

Siendo simplistas, digamos que puedes optar por 2 estructuras:

  1. Que no incluya puntos principales y en la que hables de los conceptos aleatoriamente.
  2. Con X puntos principales definidos.

En el primer caso, si pierdes el hilo, es muy probable que no sepas dónde retomar tu intervención, porque no habrá un anclaje natural al que volver.

En otras palabras: riesgo de quedarte en blanco, muy elevado.

Sin embargo, si optas por estructurar ese discurso en 3 puntos principales, digamos que son:

  • Naranjas
  • Manzanas
  • Plátanos

Si estás hablando de manzanas y te quedas en blanco a mitad de ese punto, será muy natural para ti recordar cuál es el siguiente punto (plátanos), y retomar tu charla desde ese punto.

Quizás hayas olvidado parte de lo que ibas a decir, pero resolveremos lo que nos interesa, y el riesgo de quedarte en blanco se reducirá significativamente.

2- Usa anclas al final de ciertas frases

Este es un truco personal que me va genial, sobre todo para memorizar, por ejemplo discursos cortos.

Cuando estoy aprendiendo un discurso y lo digo en alto, inevitablemente surgen partes que por alguna cuestión me cuesta relacionar con lo siguiente que quiero decir.

Pensemos en un caso ficticio.

Un director de un estudio de comunicación debe hacer una charla sobre los servicios que ofrece.

En esencia, su discurso se compondrá de diferentes ideas, que se relacionarán en diferentes frases, pero puede que entre esas frases en algún momento no exista un nexo evidente.

Por ejemplo:

Esto que he comentado, creo que es el secreto por el que uno de nuestros mejores servicios es la creación de páginas web.

Además, me gustaría hablar de un caso de éxito en un proyecto que hicimos para una empresa japonesa.

Aquí existen 2 Conceptos:

  • Páginas web
  • Un proyecto en Japón

Puede que estos conceptos en la mente de nuestro director no se relacionen naturalmente, y para forzar que eso sea así, podría crearse un ancla al final de la frase de las páginas web, de forma que cuando llegue a ese final mientras habla, le venga a la mente el ancla y relacione ese concepto con Japón.

Un ancla es una imagen mental generada previamente y que recuerda uno o varios concepto, y es interesante que para hacerla más memorable la crees pensando en algo impactante o rocambolesco.

Esta es el ancla que podría crearse en este caso:

Podría imaginarme que estoy sentado en mi ordenador, abro mi navegador, y en lugar de salir Google, sale un punto rojo enorme de la pantalla y me ciega de tal forma que me tira de la silla. Ese punto rojo representaría la bandera de Japón.

3- Aprendéte tus primeras frases de memoria

En ocasiones, puedes quedarte en blanco antes incluso de que haya salido una palabra por tu boca, es decir, es decir al inicio de tu discurso.

Respecto a los nervios, lo normal es que disminuyan a medida que vas hablando, y por lo tanto estarás menos nervioso a mitad del discurso o al final, que al comienzo.

Siendo eso así, necesitas asegurarte de que nada extraño ocurre antes siquiera de abrir la boca, simplificando a tu mente la tarea de buscar tus primeras palabras.

Es fundamental comenzar, así de simple, por eso, te ayudará y tranquilizará estar seguro de que dominas tus primeras palabras, de memoria si hace falta.

De hecho este es un buen consejo también para evitar las muletillas en la apertura del tipo; eh, bueno, esto…

Por lo tanto, si la primera frase de tu discurso es:

Nuestra compañía ha estado trabajando en 3 servicios durante el último año.

Lo único que tienes que tener en mente cuando subas al escenario, prepares tus bártulos, e incluso estés saludando a quien corresponda es:

  • Nuestra compañía ha estado trabajando…
  • Nuestra compañía ha estado trabajando…
  • Nuestra compañía ha estado trabajando…

¿Te haces a la ides de cúal será la primera palabra que digas, verdad?

4- Ten un recurso preparado

De forma que lo puedas utilizar si repentinamente te quedas en blanco.

Esos recursos pueden ser, aquello que cuentas tú, por ejemplo:

  • Historia
  • Anécdota

Si es este caso, que sea algo que recuerdes bien y sea sencillo, por ejemplo una anécdota personal de trabajo.

No necesitas pensar demasiado para contar cómo fue tu primera entrevista de trabajo, y mientras la cuentas irás pensando en cómo recuperar el hilo del discurso.

O lo que es mejor, puedes usar un recurso que active al público y transfiera foco de ti a ellos, por ejemplo:

  • Preguntas

Podrías interpelárles sobre el contenido de lo que has dicho antes:

Veamos quien ha estado más atento, ¿quién puede resumir lo que he dicho hasta ahora?

Incluso, si las circunstancias lo permiten, puedes tirar de otro recurso

  • Un juego

En el momento en el que te quedes en blanco, pararías para proponer un juego, lo cual activará físicamente al grupo y tú podrás consultar tus notas o repasar mentalmente tu discurso para volver a él cuando termine ese juego.

De nuevo, la clave aquí es tener preparado el recurso de antemano, para que lo utilices naturalmente sin tener que dedicar mucho tiempo a pensar en él mientras lo desarrollas o dices.

5- Usa notas de forma estratégica

Sinceramente, si tienes notas, tienes un salvavidas del tamaño de un buque, con lo que ahora si aplica decir que muestres tranquilidad.

Aprovecha esta ventaja para ensayar lo que harías si te pierdes en algún momento de tu presentación.

Por lo tanto:

  • Evita mirar las notas desesperadamente (haciendo gestos que denoten que estás perdido).
  • Consúltalas de forma sútil y elegante, incluso justificando que estés mirando las notas, por ejemplo haciendo un repaso de lo dicho:

Miras relajadamente las notas, das un par de vueltas hasta encontrar la que quieres, y dices:

Veamos, hagamos un repaso de lo comentado hasta ahora.

Y en todo caso, tener en cuenta el ABC del uso de notas te vendrá genial, que es el siguiente:

1. Que sean pequeñas (mejor en un A5)

Si te queda en blanco, quieres evitar a toda costa parecer un director de orquesta enloquecido que da vueltas a sus partituras.

2. Que estén numeradas

Quedarte en blanco + nervios + notas sin numerar = Una bomba explosiva que acabe incluso peor que el efecto director de orquesta enloquecido.

6- Apóyate en tu proyección sin abusar del texto

Si llevas toda tu presentación escrita en un PowerPoint, no tendrás problemas de quedarte en blanco, pero quizás tengas otros más graves relacionados con lo que aburrirás a tu audiencia.

Las proyecciones pueden ser tus aliadas para recordar el esqueleto de una presentación, pero siempre que las uses como es debido, y que por lo tanto sean visuales y minimalistas.

Sobre todo si tienes poco tiempo para preparar una presentación, te vendrá genial que algo se proyecte para recordarte de lo que tienes que hablar.

En ese caso, y siguiendo nuestra filosofía, aprovecha para que sean grandes fotos o palabras, que cuando veas te sirvan de recuerdo de lo que quieres decir, pero que no distraigan la atención de la audiencia más que unos pocos segundos.

Incluso, una vez de que veas la diapositiva y recuerdes el concepto, puedes dejar la pantalla en blanco o negro y centrar la atención en ti.

Cuando acabes de hablar de ese concepto, un click y otra imagen estilosa o una palabra con tipografía elegante, te recordará de lo que tienes que hablar a continuación.

7- Domina el diálogo interno

Hemos dicho que mucho de lo que ocurre cuando te quedas en blanco, y sobre todo cuando temes quedarte en blanco, tiene que ver con las elucubraciones de tu mente, que a veces parece jugar en el equipo contrario.

En ocasiones la causa de quedarte en blanco es una profecía cumplida, que venías anticipando con frases lapidarias que suenan en tu mente horas o días antes de tu ponencia:

Frases de este tipo:

  • Me voy a quedar en blanco.
  • Se me va a olvidar.
  • Lo van a notar.

Es vital mantener a raya a tu mente, equilibrando esas frases irracionales y nocivas, con otras frases o pensamientos más saludables y que te ayuden:

Creo que estarás de acuerdo conmigo en lo siguiente:

  1. Si preparas bien tu discurso, hay muchas probabilidades de que te salga bien.
  2. Si tienes recursos preparados, tienes una buena razón para reducir la ansiedad, ya que sabes que tienes un salvoconducto.
  3. La audiencia percibe menos de lo que tu crees las cosas.

Por eso, cuando te vengan a la mente frases como:

Me voy a quedar en blanco, seguro.

Ten preparadas otras, o incluso escríbelas, del tipo:

  • Voy a repasar la estructura que he preparado para que la tenga clara.
  • Voy a recordar los recursos que he preparado (anclajes, notas, proyección…)
  • El público solo sabe lo que yo le digo.

Serán las frases que te devuelvan al modo “tranquilidad”, que en este caso es tu mejor aliado.

¿Y si aún así me quedo en blanco?

Pensemos ahora que el fatídico suceso ha ocurrido y te has quedado en blanco, traslademonos a esos segundos o minutos que parecerán más largos que el tiempo en la sala de espera del dentista.

La idea es la siguiente:

Tu objetivo es retomar el hilo argumental allí donde lo dejaste, y seguir con tu presentación.

Así de simple y complicado, porque tu inercia será luchar o huir, es decir, hablar sobre lo primero que te venga a la mente, o directamente largarte del escenario, y ambas opciones son nefastas para tus intereses.

Veamos otros 3 trucos, que serán el 8,9 y 10, y que pueden ayudarte a regatear ese “blancon” cual Iker Muniain, y seguir encarado a puerta en busca del gol, que en este caso será conseguir dignamente los objetivos de tu discurso:

8- Para

Te has quedado en blanco, es decir te has perdido.

Lo que necesitas es algo de tiempo para pensar y decidir, por breve que sea ese tiempo, lo que tienes que evitar es decir lo primero que se te venga a la mente, porque no sabes a dónde te llevará.

Imagina que vas por el monte y descubres repentinamente que el camino por el que vas es incorrecto, y no tienes ni idea de a dónde conduce. Imagina que tu reacción fuera seguir avanzando por ese camino y además empezar a correr. Las posibilidades de terminar aún más perdido, exhausto, o ambos, son muy elevadas.

Seguro que si paras, piensas, y quizás consultas un mapa o algunas marcas, puedas retomar el camino adecuado y llegar sano y salvo a tu destino.

Lo mismo ocurre al quedarte en blanco hablando en público, decir cualquier cosa que te venga a la mente sopone no controlar dónde estás, y adónde vas.

Con lo que lo primero que necesitas es parar.

Voy a darte un sub truco que te ayudará a tomarte este momento de pausa.

Apoyate en un objeto

Te has quedado en blanco y sabes que tienes que ganar tiempo. En lugar de estar de pie, delante de toda la audiencia, con esas miradas de extrañeza y tú con la gota de sudor cayendo por la frente, podrías usar un objeto para ganar ese tiempo, haciendo un gesto natural, por ejemplo:

  • Abrir la ventana.
  • Beber un vaso de agua.
  • Dar la vuelta a un rotafolios

¿Se te ocurre algún otro?

9- No digas lo que piensas…o dí lo que piensas, explícitamente

¿En qué quedamos Xabi?

En un arte tan subjetivo como hablar en público, y más cuando hablamos de situaciones que llevan a las personas a su límite, como quedarse en blanco, no hay dogmas.

Ciertos recursos que a unas personas les funcionan a otras no.

Respecto a lo conveniente de hablar a tu audiencia explícitamente sobre el incidente (decir que te has quedado en blanco), existen dos enfoques.

Creo que ambos son compatibles con lo dicho hasta ahora, con lo que en este punto, como en libros de “decide tu propia historia”, es momento de que elijas.

Opción 1: No decir literalmente lo que ha ocurrido

Sinceramente, según mi experiencia, esta es la opción con la que me quedaría.

¿Si la audiencia sabe solo lo que yo le digo, para que voy a decirle algo que no sabe? Que encima es negativo para mi, y no les aporta nada a ellos.

Quizás perciban que me he quedado en blanco, o quizás no. Pero si lo notan, y además tú lo dices, cabe la posibilidad de que esa ansiedad se multiplique, y pierdas la oportunidad de usar elegantemente recursos mencionados, como por ejemplo, las preguntas.

Con lo cual, yo abogo por evitar usar frases como:

  • Perdón, es que me he quedado en blanco…
  • Lo siento, no sé lo que venía ahora, voy a mirar…
  • No me acuerdo de lo que iba a decir…

Opción 2: Decir literalmente lo que ha ocurrido

He escuchado decir y he leído a profesionales que lo recomiendan si la persona cree que lo necesita y reducirá la ansiedad.

Argumentando que:

  1. Reduce el estrés de tener que fingir de alguna forma que nada ocurre.
  2. Pone al público de tu lado (ya que en general el público quiere que las cosas te salgan bien).

Si este es tu caso, adelante, repito, no hay dogmas, si crees que te será de ayuda para superar la situación, está de más lo que nadie te pueda sugerir.

Incluso, si optas por verbalizar aquello que te ha ocurrido, las circunstancias lo permiten o te atreves, te recomendaría que trataras de usa el humor para salir adelante.

Estás presentando las cuentas en la empresa, te quedas en blanco, y sales con algo del tipo:

  • Uff, ya lo siento, pero estaba pensando en las vacaciones a Canarias y he perdido el hilo, dadme un segundo que me olvide de la playa y el mojito, y retomo el excell.

Me encantaría que las presentaciones de trabajo fueran así, de verdad.

10- Continua

Y con todo lo anterior, llegará el momento en el que tengas que continuar, porque entre luchas y huir, sinceramente lo segundo es mucho menos elegante que lo primero, en este caso.

Una vez de que te has parado, tomado tu tiempo, y has hablado o no a tu audiencia de lo que ha ocurrido, sería un buen momento, lógicamente, para usar algún recurso de los que hayas preparado.

Por ejemplo:

  • Mirar tus notas o repasar tu proyección para ver si recuperas el hilo.
  • Usar esa historia, pregunta o juego que tenías preparado.

Si te apoyas en todos los recursos mencionados, con suerte volverás al punto en el que tu presentación no habrá perdido la lógica del mensaje, y además no será un drama como el que te esperabas.

Digo con suerte, porque seamos honestos, quedarte en blanco delante de decenas o cientos de personas es una situación desagradable y exigente.

Con lo que si en el peor de los casos tienes alguna reacción inadecuada, no te martirices, a todos nos ha pasado algo similar alguna vez.

Eso si, trabaja en todas las técnicas que ahora conoces para que no te vuelva a ocurrir.

Hablando de que todos nos hemos quedado en blanco alguna vez…

Ahí estaba yo delante de toda esa gente que parecía empezar a tensarse.

Miré al suelo, respiré unas cuantas veces, y no hablé. 

Lo primero que pensé fue: No puede ser.

Lo segundo: Respira y piensa en la última frase.

Fueron unos segundos, me parecieron horas. Levanté la cabeza, y retome el discurso.

Mientras pensaba en segundo plano que parecía que lo había retomado donde me había quedado, me dije a mi mismo: 

De aquí al final voy a darlo todo.

No volví a pensar nada hasta terminar.

Me metí en mi historia y traté de transmitirla con toda la verdad y energía posible.

Más tarde una compañera me dijo; a partir de que te quedaste en blanco vino lo mejor.

Otra; yo dude si la pausa formaba parte del discurso, aunque es verdad que me pareció un poco larga.

¿El resultado? gané aquella competición, y sobre todo aprendí alguna lección.

De esas lecciones que aprendí ha nacido este artículo.

Experimiento

De los muchos trucos y recursos mencionados, tenemos que quedarnos con alguno para que pongas a prueba ya mismo.

Por lo útil y personal que es, te lanzo el reto de que experimentes con la creación de anclajes para relacionar ideas diversas.

Escribe un par de ideas o frases que parezcan inconexas, y piensa en una imagen que podrías generar para relacionar ambas.

El ejercicio consiste en que vayas trayendo a la mente la imagen a medida que te acercas al final de la primera frase y antes de hablar de la segunda. 

Recuerda el ejemplo:

  • Hacemos páginas web
  • Hicimos un proyecto en Japón

Puedo relacionarlas pensando en esa imagen de mi sentado en un ordenador y un círculo rojo que sale del ordenador y me deslumbra.

Idea de valor

Lo más efectivo para evitar quedarte en blanco al hablar en público es trabajar en la preparación del mismo, y en recursos que puedas usar si se da la situación.

Recuerda:

  1. Define una estructura de tu discurso clara y sencilla
  2. Usa anclas al final de ciertas frases
  3. Apréndete las primeras palabras de tu discurso de memoria
  4. Ten un recurso preparado
  5. Usa las notas de forma estratégica
  6. Apóyate en tu proyección sin abusar del texto
  7. Domina el diálogo interno
  8. Para
  9. No digas lo que piensas o dí lo que piensas
  10. Continua
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